jueves, 7 de abril de 2011

"Credo Deum esse "


Fragmento extraído de Los caminos a Roma, incluída en la "novela" autobiográfica de Fernando Vallejo El río del tiempo.

Los que hemos hecho el curso de la vida en la calle de Junín quedamos condenados de por vida, sin remedio. No vemos otro fin, otra razón de esta historia necia que el amor, que le da sentido. Y si el amor no existe lo inventamos, como el padre Tomasino inventa a Dios. "No es lo mismo", dice el padre. "Sí es lo mismo", digo yo. Dios es como el amor: está dentro del que lo necesita. "Dios no está adentro, está afuera". "Yo afuera nunca lo he visto: si acaso lo presiento en usted". Y acuérdese de la frase elemental de la sintaxis latina: "Credo Deum esse": una principal y una subordinada. Yo estoy en la principal, en el "credo"; Dios en la subordinada. Y como usted bien sabe, padre, que tanto sabe latín, sin principal nunca hay subordinada. Ni hay amo sin criado ni rey sin esclavo y donde hay desierto hay espejismo. Así que saque la conclusión. Enrojecido por la buena salud y la buena mesa y la falta de pecado y el esfuerzo de pensar, el padre Tomasino afirma tajante: "Deus est". Y yo: "Eso cree usted".

Pensant en els altres - Pensando en los demás

Pensant en els altres - Pensando en los demás

Documental emitido por TV3 en el espacio "60 minuts" sobre cómo los niños de una escuela de primaria en Japón expresan sus emociones básicas a través de lo que su maestro, Toshiro Kanamori, llama "cartas del cuaderno". Él mismo resume su método con las siguientes palabras: "La empatía es lo más importante. Hay una expresión que me gusta mucho: "Deja que la gente viva en tu corazón", cabe tanta gente como quieras. Ellos explican sus cosas y los demás comparten sus sentimientos. Cuando la gente te escucha de verdad, vive para siempre en tu corazón. Aquí yace la gran importancia de estas cartas del cuaderno." Los diez primeros minutos son los mejores.

miércoles, 6 de abril de 2011

Sustancia de tristeza

Machado
Historia extraída de Espejos: una historia casi universal de Eduardo Galeano

La frontera, invierno de 1939: la república española se está desmoronando.
Desde Barcelona, desde las bombas, Antonio Machado consigue llegar a Francia.
Está más viejo que sus años.
Tose, camina con bastón.
Se asoma a la mar.
En un papelito escribe:
Este sol de la infancia.

Es lo último que escribe.

Homenaje de Joan Manuel Serrat a Antonio Machado
En Colliure

Sólo soy un ser humano, JB Humet

Poco han cambiado las cosas en casi 30 años...

Sólo soy un ser humano de Joan Bautista Humet


A menudo yo me siento
tan cansado,
como si de todas partes apuntaran hacia mí.

En el metro se me empuja,
casi pierdo el brazo,
se me empuja en el trabajo con el mismo frenesí.

Entro en unos almacenes,
veo como me vigilan,
aún así les he pedido una boquilla
y me traen unas sartenes.

Que no, que no, viejo,
sólo soy un ser humano,
vivo en paz,
como de lo que gano
y sólo aspiro a ciudadano.

Sólo soy un ser humano,
no me aprietes tanto, que me haces daño,
no te apoyes en mí, toma mi mano.

Pido fuego a una muchacha
y ni se ha enterado,
y a un taxista despiadado
le he firmado un pagaré.

Me presento en una fiesta,
vaya compromiso,
y un soldado de permiso
no ha dejado un canapé.

Me decido a ir al dentista,
se me cuela una señora,
le dedico una mirada inquisidora
y me da con la revista.

Que no, que no, viejo,
sólo soy un ser humano,
vivo en paz,
como de lo que gano
y sólo aspiro a ciudadano.

Sólo soy un ser humano
no me aprietes tanto, que me haces daño,
no te apoyes en mí, toma mi mano.

martes, 5 de abril de 2011

Catulo, poeta latino (s. I a. C.) Poesía y música para alimento del espíritu en tiempos de crisis

En sus poemas alcanza Catulo cotas de lirismo difícilmente igualables, capaz de decir a su amada Lesbia los versos más tiernos y apasionados, aunque también de escribir los más lacerantes y crueles contra sus enemigos.

Como muestra de su poesía los poemas 5 y 85, ambos dedicados a Lesbia:


Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum seueriorum

omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt;

nobis cum semel occidit breuis lux,

nox est perpetua una dormienda.

Da mi basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut ne quis malus inuidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.

En traducción propia dice:

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos,

y las habladurías de los severos ancianos

todas, valorémoslas en un solo as.

Los soles pueden declinar y aparecer de nuevo;

nosotros, una vez se extinga la breve llama,

habremos de dormir una sola noche perpetua.

Dame mil besos, después ciento,

luego otros mil, luego cien de nuevo,

después hasta otros mil, después ciento.

Luego, cuando muchos miles nos hayamos dado,

desordenaremos la cuenta, para que no la sepamos,

o para que ningún miserable pueda aojarnos,

cuando sepa cuántos fueron nuestros besos.


Odi et amo. Quare id faciam?, fortasse requires.

Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Y en traducción:

Odio y amo. ¿Por qué lo hago?, acaso te preguntes.

No lo sé, pero siento que sucede y me torturo.


Poemas musicados por Carl Off

Catulli Carmina

Odi et amo

Vallejo y el poder de la palabra escrita


Fragmento extraído de Los días azules, incluída en la "novela" autobiográfica de Fernando Vallejo El río del tiempo.

Los percusionistas y los héroes somos así. Tercos, irrevocables, porfiados. Qué le vamos a hacer, nos viene de familia. Mi abuelo, sin ir más lejos, era famoso en su pueblo, Santo Domingo, porque logró lo que nadie: hizo mover una mula. Por el camino de herradura de Santo Domingo a San Roque, en la cima de una montaña, la mula resabiada se detenía y se negaba a emprender el descenso, a seguir adelante. Le clavaban los espolines, le daban palos, la cubrían de insultos, le quemaban la cola. Nada, no seguía, no cedía. No daba un paso más: se había detenido y hasta aquí llegamos. “Pero, ¿qué más te da, inmunda, seguir adelante o volverte atrás, si de todos modos vas a ir de bajada?” No, no había forma. Nadie logró hacerla dar un paso adelante, llegada a lo alto de la montaña. Cedía el jinete, volvía la brida, y la mula tornaba a ser lo de antes, un animal dócil y sumiso… pero de regreso a casa, por el camino andado. De ese alto desde donde se divisaba San Roque, no hubo empeño humano que la pudiera hacer pasar. Lo consiguió mi abuelo. Armado de libros, sombrilla y fiambrera, yendo de por medio una apuesta y su honor de caballero, emprendió en la mula el camino de Santo Domingo a San Roque. Al llegar al alto la mula terca se detuvo, pero en vano se quedó esperando la insensata el chaparrón de injurias, de golpes, de espuelazos, o el incendio de la cola. Nada, nada de eso, habían cambiado de política. Bajo el tórrido sol del trópico mi abuelo abrió un libro y la sombrilla de su paciencia, empezó a leer y siguió sentado. Zumbaban las moscas, planeaban los gallinazos, chillaban los gavilanes. Fueron corriendo las horas y la mula terca seguía en pie y él sentado. En el gran paisaje opaco de montañas la escena inmóvil parecía el cuadro de un duelo. Al atardecer, motu proprio, la mula dio un tímido paso hacia delante, otro, otro, y echó a andar decidida pendiente abajo, rumbo a San Roque.

Gran señor mi abuelo…

Vallejo es irreverente, iconoclasta, hilarante en ocasiones, en otras participa del Realismo mágico de la literatura hispanoamericana, nadie escapa a sus aceradas críticas y domina el idioma (su patria según él mismo afirma en una entrevista concedida desde su casa hace varios años) como nadie.

martes, 29 de marzo de 2011

Sófocles y el tsunami de Japón

Soph. Ant. 583, como si el océano vomitase en forma de tsunami o de Prestige.

Felices aquellos cuya vida no ha probado la desgracia,
pues para aquellos cuya casa es sacudida por un dios
no hay calamidad alguna que les falte
serpeando generación tras generación;
tal como el oleaje marino
cuando impulsado por desfavorables vientos de Tracia
asalta el abismo submarino,
arremolina negro cieno desde las profundidades
y, azotadas por el vendaval,
braman y gimen las costas.

Veo las antiguas penas de la casa de los Labdácidas
caer sobre las penas de los muertos,
y no hay generación a la que la familia libere,
sino que la aniquila alguna deidad, y no hay solución.
Pues una luz apenas se extendía sobre las últimas raíces
en la mansión de Edipo, por debajo la vuelve a segar
el sangriento polvo de los dioses subterráneos,
y la necedad de palabra y una Erinia del pensamiento.

¿Qué soberbia humana podría contener tu poderío, Zeus?
Ni es dominado por el sueño, que todo lo apresa,
ni los infatigables meses divinos, sino que soberano
en un tiempo sin edad
dominas la marmórea luminosidad del Olimpo.
Lo inminente y lo futuro
y lo pasado, todo lo abarcará
esta ley: nada llega a la vida de los mortales
—al menos por largo tiempo— sin calamidad.

La errante esperanza es beneficio para muchos hombres;
para otro muchos, engaño de tornadizos deseos;
llega a quien nada sabe antes de arrimar el pie a la ardiente brasa.
La sabiduría de alguien hizo surgir este ilustre dicho:
el mal parece un día bien al hombre
cuya mente lleva un dios a la ceguera;
brevísimo es ya el tiempo que vive sin ruina.