miércoles, 6 de agosto de 2014

Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag

Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag
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Las imágenes de la violencia y la guerra se han convertido, a través de la pequeña pantalla, en lugares comunes. Susan Sontag nos descubre las implicaciones y los peligros que esto tiene para la sociedad contemporánea. Ya no podemos ser inocentes, somos testigos. Y este planteamiento desemboca en cuestiones fundamentales: la manera en que las imágenes pueden generar rebeldía, fomentar la agresividad o derivar en apatía; la naturaleza de la guerra; los límites de la compasión y la solidaridad; y finalmente, la responsabilidad individual.


Referencias iconográficas y bibliográficas del libro con antología de comentarios de la propia autora en cursiva:
  • GOYA, Los desastres de la guerra (1810-1820), serie numerada de 82 grabados.
  • WISEMAN, Hospital (1970). Sobre este documental la autora dice: Pero la vergüenza y la conmoción se dan por igual al ver el acercamiento del dolor real. Quizá las únicas personas con derecho a ver imágenes de semajante sufrimiento extremado son las que pueden hacer algo para aliviarlo -por ejemplo, los cirujanos del hospital militar donde se hizo la fotografía- o las que pueden aprender de ella. Los demás somos mirones, tengamos o no la intención de serlo.
  • BATAILLE, Las lágrimas de Eros (1961).
  • Without Sanctuary, linchamientos de negros en USA (1890-1930).
  • SEBASTIAO SALGADO.
  • ANDRÉ BRETÓN, ideal estético surrealista: "La belleza será convulsiva o no será". ¿De qué otro modo se hace mella cuando hay una incesante exposición a las imágenes y una sobreexposición a un puñado de imágenes vistas una y otra vez?
  • SHAKESPEARE, La tempestad. Lo primero que se le ocurre a Trínculo al encontrarse con Calibán es que podría presentarlo en una exposición en Inglaterra: "not a holiday fool there but would give a piece of silver... when they will not give a doit to relieve a lame beggar, they will lazy out ten to see a dead Indian. (Y no habría tonto de feria que no diera plata... No dan un céntimo para aliviar a un cojo, pero se gastan diez en ver a un indio muerto)." La exhibición fotográfica de crueldades infligidas a los individuos de piel más oscura en países oscuros continúa con esta ofrenda, olvidando las consideraciones que nos disuaden de semejante presentación de nuestras propias víctimas de la violencia. Pues al otro, incluso cuando no es un enemigo, se le tiene por alguien que ha de ser visto, no alguien (como nosotros) que también ve.
  • WORDSWORTH, Prólogo de las Baladas líricas. Descargar versión bilingüe.
  • GOLTZIUS, El dragón devora a los compañeros de Cadmo (1588).
  • NHEM EIN, The killing Fields. Pol Pot.
  • ROGER FENTON, Fotografías de la guerra de Crimea, Sebastopol.
  • TIZIANO, Marsias desollado (1570-1576).
  • JACQUES CALLOT, Les Grandes Misères et Malheurs de la Guerre, 1633.
  • YOSUKE YAMAHATA Hiroshima Nagasaki.
  • DAVID SEYMOUR "Chim" Omarska Srebrenica.
  • WERNER BISCHOF.
  • DON McCULLIN Biafra.
  • LARRY BURROWS.
  • ERNST FRIEDRICH Krieg dem Kriege (Guerra contra la guerra) álbum de fotos de ex combatientes heridos durante la Gran Guerra.
  • ABEL GANCE J'acusse.
  • ROBERT CAPA "El peso de las palabras, la conmoción de las fotos." Magnum Photo Agency.

LUGARES DE MEMORIA:

  • La guerra de Vietnam, la primera televisada, la primera que introdujo la teleintimidad de la muerte y la destrucción en el frente interno.
  • Masacre de Nanjing 1937.
  • Shoah, el genocidio judío.
  • Kushan al Ayaza.
  • Huynh Cong Ut.

JUICIOS DE LA AUTORA SOBRE DIFERENTES ASPECTOS DE LA FOTOGRAFÍA DE GUERRA:

  • El deporte internacional es el sucedáneo de la guerra.
  • La era de la guerra teledirigida.
  • Adeptos a la teleproximidad sin riesgos.
  • La guerra es un juego de hombres.
  • En la Segunda "Guerra Mundial" se tuvo la unánime impresión en el lado victorioso de que había sido una guerra necesaria, una guerra que debía librarse.
  • La ruina de la carne y la piedra.
  • Esta insólita insistencia acerca del buen gusto en una cultura saturada de incentivos comerciales que reducen los criterios del gusto, acaso sea desconcertante.
  • Fotografiar es encuadrar, y encuadrar es excluir.
  • Un retrato que omite al sujeto se convierte en cómplice, si bien de modo inadvertido, del culto a la celebridad que ha estimulado el insaciable apetito por el género opuesto de fotografía: concederle el nombre sólo a los famosos degrada a los demás a las instancias representativas de su ocupación, de su etnicidad, de su apremio.
  • Fotografías, documentales, indicios póstumos de las matanzas.
  • Ambicionar la perpetuación de los recuerdos implica, de modo ineludible, que se ha adoptado la tarea de renovar, de crear recuerdos sin cesar.
  • Las narraciones pueden hacernos comprender. Las fotografías hacen algo más: nos obsesionan.
  • La compasión es una umoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita.
  • La memoria es una acción ética.
  • La designación de un infierno nada nos dice, desde luego, sobre cómo sacar a la gente de ese infierno, cómo mitigar sus llamas. Con todo, parece un bien en sí mismo reconocer, haber ampliado nuestra noción de cuánto sufrimiento a causa de la perversidad humana hay en un mundo compartido con los demás. La  persona que está perennemente sorprendida por la existencia de la depravación, que se muestra desilusionada (incluso incrédula) cuando se le presentan pruebas de lo que unos seres humanos son capaces de infligir a otros - en el sentido de crueldades horripilantes y directas -, no ha alcanzado la madurez moral o psicológica.
  • A partir de determinada edad nadie tiene derecho a semejante ingenuidad y superficialidad, a este grado de ignorancia o amnesia.
  • En la actualidad un enorme archivo de imágenes hace más difícil mantener este género de defecto moral. Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan. Aunque sólo se trate de muestras y no consigan apenas abarcar la mayor parte de la realidad a que se refieren, cumplen no obstante una función esencial. Las imágenes dicen: Esto es lo que los seres humanos se atreven a hacer, y quizá se ofrezcan a hacer, con entusiasmo, convencidos de que están en lo justo. No lo olvides.
  • Esto no es exactamente lo mismo que pedirle a la gente que recuerde un ataque de maldad singularmente monstruoso. ("Nunca olvides." Quizá se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión. Recordar es una acción ética, tiene un valor ético en y por sí mismo. La memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos sostener con los muertos. Así, la creencia de que la memoria es una acción ética yace en lo más profundo de nuestra naturaleza humana: sabemos que moriremos, y nos afligimos por quienes en el curso natural de los acontecimientos mueren antes que nosotros: abuelos, padres, maestros y amigos mayores. La insensibilidad y la amnesia parecen ir juntas. Pero la historia ofrece señales contradictorias acerca del valor de la memoria en el curso mucho más largo de la historia colectiva. Y es que simplemente hay demasiada injusticia en el mundo. Y recordar demasiado (los agravios de antaño: serbios, irlandeses) nos amarga. Hacer la paz es olvidar. Para la reconciliación es necesario que la memoria sea defectuosa y limitada.
  • Si la meta es que haya algún espacio en el cual se pueda vivir la propia vida, entonces es deseable que el recuento de las injusticias específicas se disuelva en el reconocimiento más general de que por doquier los seres humanos se hacen cosas terribles los unos a los otros.

miércoles, 23 de julio de 2014

Casi 300

Sábado 19 de julio de 2014. Crónica informal del primer día de bloqueo de la base de la OTAN en Suda (Creta), como culminación de la campaña de diez días de movilización contra el vertido de residuos químicos en el Mediterráneo.


Unas trescientas personas se concentran en la plaza del mercado popular de Chaniá (Creta) acudiendo al llamamiento pancretense para ir a bloquear la base militar de Suda, un lugar inhóspito y sin apenas sombra a poca distancia de aquí. De los 300 dispuestos a reeditar la gesta gloriosa de las Termópilas no más de la mitad llegamos a vernos juntos en algún momento en el lugar elegido para montar el campamento. A pesar de los autobuses puestos por la organización a disposición de los participantes, la mayoría se desplaza en medio de transporte privado, que es utilizado de paso para eventuales visitas a la playa o al domicilio particular. Es la curiosa forma que eligen los sitiadiores de sortear su propio bloqueo.




Por una cuestión de seguridad y de sentido común, se opta por no llegar hasta la puerta de la base y, en su lugar, se establece, a una distancia prudencial, un puesto de control que no permita el paso a vehículos ni personal militar. El control se lleva a cabo en condiciones penosas dado que la carretera que da acceso a la base militar casi no dispone de harcenes, ni sombra y es muy transitada. Por ella pasan cada día y a todas horas un sinfín de bañistas, vecinos e incluso invitados de una boda cercana. De todo casi menos personal militar. La improvisación e inexperiencia de los contraladores obtiene escasos resultados y lleva a situaciones cómicas o, en algún momento, incluso peligrosas para la integridad física de los propios controladores. Si no se producen bajas es por pura chiripa, y no se trata de ninguna exageración.


A pleno sol del mediodía se acerca chino chano al puesto de control un vehículo con matrícula rara y ocupado por una conductora con pinta de ser yanqui y, por tanto, sospechosa de venir de la base militar. De repente, se encienden las alarmas y, acto seguido, el coche es detenido a la brava, en un lance torero de olé. Como la pobre ancianita no sabe de qué va la cosa, se asusta ante el cerco de tantos desconocidos y quiere escapar a toda costa  tirando por el camino del medio. Entonces, una manada de desquiciados se le sube de pie encima del capó y se arma un follón del carajo. Pero en el momento que la tensión alcanza su punto álgido, inexplicablemente se aplacan los ánimos, como por intervención divina de Atenea, y se aclaran por fin la procedencia del vehículo y la intención de los controladores. Todo queda en susto, el que se lleva en el cuerpo la pobre ancianita, que sigue su camino con cara de pocos amigos.


Un sol de justicia que ni te cuento lleva ya rato haciendo estragos entre los casi 300. ¡Como para mantener la cabeza fría! Y justo después del susto se produce otro altercado poco digno de mención épica. Dos facciones protagonizan una escena al más puro estilo Monty Python en La vida de Brian. La manzana de la discordia es en esta ocasión una pancarta por la que discuten, a voz en grito, unos, que quieren arrancarla del sitio donde está enganchada, por considerarla inapropiada, y otros, en cambio, salvarla después de haberla parido. A punto está de hacerse jirones por los estirones de unos y otros. Y a punto están también de llegar a las manos ambas facciones. La bronca, que es monumental, se salda con victoria para los censores. Así que los censurados descuelgan su pancarta, la pliegan y desertan juntos, pancarta y portadores.


La asamblea de la tarde es un caos dialéctico, según opinión de uno de los participantes más activos. Nadie toma nota y la idea de trasladar el punto de control a la misma puerta de la base no convence ni a los más audaces. Normal, teniendo en cuenta lo ocurrido durante el día. Justo antes de acabarse la asamblea, sin haberse llegado a un acuerdo sobre la propuesta y cuando ya se echa la noche encima, uno de los controladores está a punto de ser atropellado por un conductor temerario, procedente quizá de la boda que se celebra junto a la base. Ya es casualidad. Con todo lo cual, ya de noche, yo me doy por satisfecho y también deserto.




Como valoración positiva en la asamblea se señala la distribución de cientos de panfletos entre la ingente cantidad de automovilistas que han pasado por el puesto de control. Como descargo hay que añadir que esta ardua tarea, en las condiciones descritas, no la hubiera llevado a cabo mucho mejor ni el ejército israelí. Por lo demás y a mi juicio, el avituallamiento de agua, comida, sandía y refrigerio resulta admirable. No falta en ningún momento. Los griegos están a la altura de su bien ganada reputación de ser campeones de la hospitalidad y la solidaridad.


De todo lo vivido y contado consolido mi opinión de que los griegos están muy locos, pero me encantan cosa fina por lo mucho y bien que hablan. Da gusto escucharlos. ¡Así que cualquiera interrumpe sus discursos para decir que con solo palabras muy lejos no se va!

 


lunes, 28 de abril de 2014

Cómo comer con tenedor, por Sofia Almirante Castillo

Seguramente se habrá dado cuenta de que para ingerir las substancias que un ser vivo necesita para su nutrición y para subsistir, también conocidas como alimentos, se suele utilizar un instrumento de mesa, un utensilio de madera, de aluminio, o de otros materiales, en forma de horca, formado por dos partes: el mango, de forma alargada que suele terminar en un pequeño ensanchamiento, y en el extremo contrario a este ensanchamiento dos o más púas, dientes o pinchos, unas prolongaciones del mango afiladas. Este utensilio es comúnmente llamado tenedor. Se suele utilizar para coger la vianda y llevarla a la boca, y para trocear alimentos blandos como verduras, tortillas, etc.

Lo más importante que hay que recordar es que para poder utilizar un tenedor hay que cogerlo con esos cinco apéndices articulados (llamados también dedos) situados en la parte del cuerpo humano contigua al antebrazo, que abarca desde la muñeca hasta la yema de los dedos, la mano, y hay que sujetarlo de manera similar a un lápiz (véase “Cómo sujetar un lápiz”). Asegúrese de coger el cubierto por el mango, para prevenir posibles accidentes. Hay varios tipos de alimentos que requieren uso del tenedor, pero nos vamos a centrar en cómo comer, por ejemplo, un plato de pasta que suele tener forma de tubo alargado, los macarrones. (Se entiende por plato el alimento que se sirve en el recipiente llamado plato, y no el recipiente con dicho nombre).

Dirigir el tenedor (que ya está en su mano, la derecha si es usted diestro, o la izquierda si es zurdo) hacia el plato. (Si necesitáramos trocear algún alimento, cambiar el tenedor de mano y coger el utensilio de cocina que sirve para cortar, llamado cuchillo, con la mano que antes estaba sujetando el tenedor pero que ahora está libre. Véase “Cómo utilizar un cuchillo”). Orientar las púas del cubierto hacia abajo, y pinchar con los dientes (del tenedor) los alimentos del recipiente, haciendo una ligera presión contra el plato. Llevar el cubierto hacia la cavidad del rostro llamada boca, abrirla, e introducir las púas del tenedor con los alimentos. Depositar los alimentos en su interior y extraer el cubierto con cuidado de no pincharse, ya que masticar con él en la boca resultaría particularmente incómodo. Triturar los alimentos del interior con los dientes (de la boca), moviendo la mandíbula inferior, y tragar los alimentos triturados.

Una vez ingerido este bocado (refiriéndonos a bocado como porción de comida, no como mordedura) repetir el proceso hasta haber ingerido todos los alimentos. Una vez acabado de comer, dejar el tenedor sobre la mesa o sobre el plato.

CONSEJOS:

-No utilizar el tenedor para ingerir alimentos líquidos.

-Reservar los alimentos como los guisantes, olivas o similares para más adelante, cuando haya adquirido más experiencia. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Día del libro

Fragmento extraído de Los hijos de los días, de Eduardo Galeano


La fama es puro cuento

 Hoy, Día del libro, no viene mal recordar que la historia de la literatura es una paradoja incesante.
 ¿Cuál es el episodio más popular de la Biblia? Adán y Eva mordiendo la manzana. En la Biblia, no está.
   Platón nunca escribió su famosa frase:
   Sólo los muertos han visto cómo termina la guerra.
   Don Quijote de La Mancha nunca dijo:
   Ladran, Sancho, señal que cabalgamos.
   No fue dicha ni escrita por Voltaire su frase más conocida:
   No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería hasta
la muerte tu derecho a decirlo.
   Georg Friedrich Hegel nunca escribió:
   Gris es la teoría, y verde el árbol de la vida.
   Sherlock Holmes jamás dijo:
   Elemental, mi querido Watson.
   En ninguno de sus libros, ni panfletos, Lenin escribió:
   El fin justifica los medios.
   Bertolt Brecht no fue el autor de su poema más celebrado:
   Primero se llevaron a los comunistas/ pero a mí no me importó/
porque yo no era comunista…
   Jorge Luis Borges no fue el autor de su más difundido
poema:
   Si pudiera vivir nuevamente mi vida/ trataría de cometer
más errores…

miércoles, 2 de abril de 2014

Dos nuevos poemas de Safo

Artículo publicado por la SEEC, Sociedad Española de Estudios Clásicos

Dos nuevos poemas de Safo
E
l profesor Dirk Obbink, de la Universidad de Oxford, va a publicar en el próximo número de la revista Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphikla primera edición de dos fragmentos de sendos poemas inéditos de Safo. Antes de la edición, ha tenido a bien lanzar al mundo filólógico una versión previa de su trabajo para el conocimiento general del extraordinario hallazgo. El texto se ha transmitido en un papiro de principios del s. III d. C., conservado en una colección privada de Londres. Su importancia procede no solo de la relevancia de su autora, la gran Safo de Lesbos, una de las grandes voces de la literatura universal y, sin duda, la poetisa más famosa de la Antigüedad, sino que aumenta de un modo muy considerable nuestro conocimiento directo de su obra. Piénsese que hasta el momento sólo conservábamos cinco poemas completos o casi completos de ella, que sólo nos habían llegado en total veintidós fragmentos donde se hubiera conservado una estrofa completa y que eran menos de ochenta las líneas completas de cualquier poema de la gran autora de Mitilene. El nuevo papiro viene a ofrecernos ahora ni más ni menos que cinco estrofas completas de un poema, más los restos de otras dos estrofas de un segundo poema. Y el contenido del primer poema es muy importante en términos históricos: por primera vez aparecen los nombres de los dos hermanos de la poetisa, Caraxo y Lárico, de los que hasta ahora sólo teníamos referencias indirectas. Por el tipo de contenido, familiar y amoroso, y por la forma métrica, precisamente la llamada estrofa sáfica, parece claro que los dos poemas correspondían al primero de los nueve libros en que los filólogos alejandrinos reunieron la obra de la gran poeta de Lesbos.

Ofrecemos aquí una primera traducción al español realizada por el Prof. Luis M. Macía, que parte de la primera versión divulgada por Obbink. A continuación se presenta un primer comentario lingüístico del texto, realizada por la Profa. Araceli Striano. Ambas contribuciones constituyeron el núcleo de la presentación pública de los poemas que tuvo lugar en la Universidad Autónoma de Madrid el 19 de febrero del 2014.

Traducción (Luis M. Macía)

          Estás chismorreando que Caraxo viene
          con su nave llena. De eso, creo yo, es Zeus
          quien sabe, y los dioses: a ti no te toca
          pensar sobre ello,
5       mas a mí enviarme y hacerme el encargo
          de pedirle y pedirle a la reina Hera
          que al fin aquí llegue conduciendo salva
          su nave Caraxo
          e indemnes nos halle. De lo otro, de todo,
10     a los démones la cuita dejemos,
          que las bonanzas tras grande tormenta
          se hacen de repente.
          Esos de quien quiera el rey del Olimpo
          que a su lado un demon de todos los males
15      al punto libere, felices son ellos
          y muy afortunados.
          Nosotros, si acaso su cabeza sosiega
          Lárico y un día un hombre se hace,
          saldríamos, sí, de la honda tristeza
20     libres de repente.

N.B. Algunos criterios seguidos para la traducción

  1. Se ha buscado reproducir mediante número regular de once sílabas los tres endecasílabos y mediante versos breves el adonio final de la estrofa sáfica.
  2. Se ha buscado mantener como palabras destacadas las que el texto destaca: Caraxo (dos veces, en posición penúltima y última, respectivamente) y αἶψα, repetido al final de las estrofas tercera y quinta;
  3. En el v. 6 se ha tratado de reflejar con “pedirle y pedirle” el valor iterativo, no intensivo de πόλλα.
  4. En el v. 17 se ha aceptado la primera lectura de Obbink para la palabra final del verso: ἀέργη, traducido por “sosiega”.

Comentario lingüístico: características lingüísticas que forman parte de la lengua de Safo y que aparecen también en sus dos nuevos poemas (Araceli Striano)

Hay pruebas, según señala el editor de los textos, de que la acentuación de algunas palabras ha sido corregida siguiendo las normas del dialecto (baritonesis).

Características fonéticas

  • psilosis ἐπεύρην (ático ἐφευρεῖν)
  • βόλληται (ático βούληται)
  • σάαν (ático σῶαν)
  • νᾶι, νᾶα ( ático νηΐ, ναῦν)
  • Ὀλύμπω (ático Ὀλύμπου)
  • Infinitivo temático en –ην, περτρόπην (aor. del v. περιτρέπω), át. -ειν.
  • Vocal de timbre o en la secuencia –trp- περτρόπην, frente a ático περιτραπεῖν
  • Presencia de la secuencia -ηα-: βασίλη(ι)αν, át. βασίλειαν

Características morfológicas

  • Genitivo plur. fem. en –a en –αν frente a át.-ῶν: ἐκ μεγάλαν ἀήταν; ἐκ πόλλαν βαρυθύμιαν
  • Dativo plur. en –εσσι(ν): δαιμόνεσσιν
  • Pronombre personal de 1ª pers. plur.: ac. ἄμμ(ε) (át. ἡμᾶς), nom. ἄμμες (át. ἡμεῖς)
  • Pronombre demostrativo κῆνοι (át. ἐκεῖνοι)
  • Adverbios: τυίδε «aquí»; ἄι «siempre», át. ἀεί
  • Conjunción condicional αἴ, át. εἰ
  • Partícula modal κε, κεν, át. ἄν
  • Desinencia verbal de 2ª pers. sing. en –ησθα: θρύλησθα/ ἔχησθα

Léxico

πέλομαι
= εἰμί
βασίληαν Ἤραν
epíteto conocido en Píndaro aplicado a Hera, βασιλέα θεῶν; también a otras diosas, Atenea, las Gracias, Afrodita.
ἀήτη
(de ἄημι)
αἶψα
ἄσαμαι
(cf. ἄσαισι «dolores, sufrimientos»)
ἀλέματος
(át. ἠλέματος) «vano»
δαίσδ[
«separar, desgarrar» (lectura insegura): grafía convencional σδ para ζ, pero cf. Ζεύς en el primer poema
π̣ί̣κ̣ρ.
«amargo»
θρέσαιτ’
¿de θρέομαι “gritar”? (lectura insegura)
ἀέργ̣η,
del v. ἀ(ε)ργέω, cf. Hsch. D 80 ἀεργηκότες· ἀργοί, ἀναπαυόμενοι. La letra γ̣ parece dudosa, ¿habría que entender ἀέρρη de αἴρω?
Luis M. Macía, Araceli Striano, Jesús de la Villa. Universidad Autónoma de Madrid.
1 de marzo del 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

"Antígona" de Sófocles... y Miguel Hernández

El grupo de teatro Komos, en el marco del  XIX Festival de Teatro Juvenil Grecolatino, ha presentado hoy en el Teatro Joventut de l'Hospitalet de Llobregat la obra teatral "Después de la tierra" -Premio Nacional Buero de Teatro Joven 2013-, espectáculo basado en la "Antígona" de Sófocles y textos de Miguel Hernández.
Hemos tenido el inmenso placer de asistir a la representación con los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato.

lunes, 17 de marzo de 2014

La por de Gabriel Chevalier

Catàleg de la xarxa de biblioteques de la DIBA

Una proposta literària per als meus amics. He seleccionat un parell de fragments del primer captítol, que descriuen d'una manera força convincent l'estat d'ànim que du a la irracionalitat de la guerra, en aquest cas la Primera Guerra Mundial. El primer fragment és una reflexió sobre la societat del seu temps que pot semblar molt familiar al lector actual.


Els homes són estúpids i ignorants. D'aquí ve tota la seva misèria. En comptes de reflexionar, es creuen el que els expliquen, el que els ensenyen. Es trien caps i amos sense jutjar-los, amb un gust funest per l'esclavatge.
    Els homes son xais. Això és el que fa possibles els exèrcits i les guerres. Moren víctimes de la seva estúpida docilitat.
    Quan un ha vist la guerra com acabo de veure-la jo es pregunta: «¿Com és possible que una cosa com aquesta hagi estat acceptada? ¿Quin traçat de fronteres, quin honor nacional ho pot legitimar? ¿Com és possible disfressar d'ideal el que és pur bandidatge i fer-lo admetre?».
    Van dir als alemanys: «Endavant cap a la guerra fresca i joiosa! Nach Paris i Déu amb nosaltres per la grandesa d'Alemanya!». I els bons alemanys pacífics, que sempre s'ho agafen tot seriosament, es van llançar a la conquesta, es van transformar en bèsties ferotges.
    Van dir als francesos: «Ens ataquen. És la guerra del Dret i de la Revenja. Cap a Berlín!». I els pacífics francesos, que mai no s'agafen res seriosament, van deixar de banda els seus somiejos de petits rendistes per anar a combatre.
    I el mateix va passar amb els austríacs, els belgues, els anglesos, els russos, els turcs i després els italians. En una setmana vint milions d'homes civilitzats, dedicats a viure la vida, a estimar, a guanyar diners, a preparar el futur, van rebre la consigna de deixar-ho tot de banda per anar a matar altres homes. I aquests vint milions d'individus van acceptar aquesta consigna perquè els havien convençut que allò era el seu deure.
    Vint milions, tots de bona fe, tots d'acord amb Déu i amb el seu príncep... Vint milions d'imbècils... Com jo.



El segon fragment presenta uns contorns narratius tan ben perfilats que sembla un relat autònom amb principi i fi. Aprofitem per llegir-lo ara que, de moment, no hi risc que ens passi el que s'hi narra, justament després d'una declaració de guerra. Corre l'any 1914.

   El 3 d'agost a la tarda, recorro la ciutat en companyia de Fontan, un company de la meva edat.
    A la terrassa d'un cafè del centre, una orquestra ataca La Marsellesa. Tothom es posa dempeus i es descobreix. Tothom, menys un home desnerit, vestit amb modèstia, amb el rostre trist sota el barret de palla, que roman sol en un racó. Un dels presents el descobreix, es precipita cap a ell i, d'una manotada, li fa volar el barret. L'home empal·lideix, arronsa les espatlles i replica: «Bravo! Valent ciutadà». L'altre li exigeix que s'aixequi. S'hi nega. Alguns curiosos s'acosten, els envolten. L'agressor continua: «Insulta vostè el país i no penso tolerar-ho!». L'homenet, ara molt pàl·lid, però obstinat, contesta: «Considero que estan ofenent la raó i no he dit res. Sóc un home lliure i em nego a saludar la guerra!». Una veu crida: «Trenqueu-li la cara, a aquest covard!». Hi ha empentes a la part del darrere,
s'aixequen bastons, es tomben taules, es trenquen gots. En un instant, s'aplega una autèntica gentada. Els de les últimes files, que no han vist res, informen els nouvinguts: «És un espia. Ha cridat: Visca Alemanya!». La indignació somou la multitud, la precipita endavant. Se sent soroll de cops sobre un cos, crits d'odi i de dolor. Finalment, el propietari intervé, amb el tovalló al braç, i aparta la gent. L'homenet, que ha caigut de la cadira, jeu entre les escopinades i les puntes de cigar dels parroquians. Té el rostre tumescent, irreconeixible, amb un ull tancat i negre; un rajolí de sang li regalima del front i un altre de la boca oberta i inflada: respira amb dificultat i no es pot aixecar. El propietari crida dos cambrers i els mana: «Traieu-lo d'aquí!». L'arrosseguen una mica mes enllà, a la vorera, on l'abandonen. Però un dels cambrers torna enrere, s'inclina i el sacseja amb posat amenaçador: «Ep, ¿i la teva consumició?». Com que el pobre home no contesta, l'escorcolla, li treu un grapat de xavalla de la butxaca de l'armilla i el compta, tot prenent per testimoni la multitud: «Aquest porc volia marxar sense pagar!». Tothom l'aprova: «Aquests individus són capaços de tot!». «Sort que l'hem desarmat!». «¿Anava armat?». «Ha amenaçat la gent amb el seu revòlver». «Massa bons que som a França!». «Els socialistes fan el joc a Alemanya: no n'hem de tenir cap pietat!». «Els suposats pacifistes són uns bergants. Aquesta vegada, les coses no aniran com al setanta!».
    Per celebrar aquesta victòria, es reclama de nou La Marsellesa. Tothom l'escolta tot mirant l'homenet ensangonat i brut, que gemega feblement. Observo a prop meu una dona pàl·lida í bella, que murmura al seu company: «Aquest espectacle és horrible. Aquest pobre home ha tingut coratge...». Ell li contesta: «Un coratge de ximple. No es pot anar en contra de l'opinió pública».
    Dic a Fontan:
    —Vet aquí la primera víctima de la guerra que veiem.
    —Sí—fa ell amb aire somniador—, hi ha molt d'entusiasme!