lunes, 16 de mayo de 2011
Get Real
Hermosa, tierna y romántica película sobre el amor homosexual en la adolescencia. La banda sonora genial.
viernes, 6 de mayo de 2011
Recortes en sanidad y educación
Los recortes del gasto sanitario. Vicenç Navarro. Diario Público
Polarización social de la educación. Vicenç Navarro. Dominio Público
viernes, 29 de abril de 2011
Friedrich Hölderlin
http://www.tv3.cat/videos/3484470/Jordi-Llovet

Un fragmento de la misma obra en traducción de Luís Díez del Corral
por la tierra de los padres, olvidados de los días del destino,
al otro lado del Leteo, y ningún anhelo puede hacerles volver?
¡Nunca los verán mis ojos! ¡Ay! ¿Nunca os encontrará por los mil senderos
de la tierra verdeante el que os busca, ¡figuras iguales a los dioses!,
y entendí yo, por ventura, vuestro lenguaje, vuestra leyenda tan sólo
para que mi alma siempre triste huyera
antes de tiempo hacia vuestras sombras?
Mas quiero acercarme a vosotros, allá donde crecen todavía
Pues los celestes descansan gustosos en el corazón sensible,
y siempre, como entonces, las potestades inspiradoras de grado
acompañan al hombre esforzado; y sobre los montes de la patria
descansa, impera y vive omnipresente el éter,
para que un pueblo amante, acogido en los brazos del Padre,
esté humanamente alegre, como entonces, y que un espíritu sea común a todos.
Mas, ¡ay!, nuestro linaje vaga en la noche, vive como en el Orco,
sin lo divino. Ocupados únicamente en sus propios afanes,
cada cual sólo se oye a sí mismo en el agitado taller,
y mucho trabajan los bárbaros con brazo poderoso,
sin descanso, mas, por mucho que se afanen, queda infructuoso,
como las Furias, el esfuerzo de los míseros.
Hasta que, despertando de angustioso sueño, se levante
el alma de los hombres, juvenilmente alegre, y el hábito bendito del amor,
de nuevo, como muchas veces antes entre los hijos florecientes de la Hélade,
sople en una nueva época, y el espíritu de la naturaleza,
el que viene desde lejos, el dios, se nos aparezca entre nubes doradas
sobre nuestras frentes más libres, y permanezca en paz entre nosotros.
¡Ay! ¿no vienes todavía?, y aquéllos, los nacidos divinos,
continúan viviendo, ¡oh día!, solitarios en lo profundo
de la tierra, mientras una primavera, siempre viviente,
apunta sobre la cabeza de los mortales, sin que nadie la cante.
¡Pero no por más tiempo! Ya oigo a lo lejos el canto coral
del día de fiesta sobre la verde colina y el eco del bosquecillo,
donde se levanta el pecho de los adolescentes, donde se funde
sosegadamente el alma del pueblo en la más libre canción en honor del dios,
al que corresponde la altura, mas para quien los valles también son sagrados;
pues allá donde gozosa se apresura el agua con creciente juventud
entre las flores del campo, y donde maduran en llanuras soleadas
el noble trigo y los árboles frutales, se coronan contentos
para la fiesta los devotos; y sobre la colina de la ciudad resplandece,
igual que una vivienda humana, el pórtico celeste de la alegría.
Pues toda la vida se ha llenado de sentido divino,
y, perfeccionando todo, vuelves a aparecer, como entonces, por todas partes
ante tus hijos, ¡oh naturaleza!, y, como de montaña rica en manantiales,
fluyen de aquí y de allá bendiciones sobre el alma germinante del pueblo.
Luego, luego, ¡oh vosotras, alegría de Atenas!, ¡vosotras, hazañas de Esparta!
¡deliciosa primavera de Grecia! Cuando venga vuestro otoño,
cuando volváis, maduros, ¡vosotros, todos los espíritus del pasado!
—¡pues he aquí que está cerca el cumplimiento del año!—,
que os alcance la fiesta también a vosotros, ¡días pretéritos!
¡Mire el pueblo hacia Grecia, y, llorando y agradeciendo,
sosiéguese en los recuerdos el orgulloso día del triunfo!
Pero floreced mientras tanto, hasta que maduren nuestros frutos,
floreced, entre tanto, solamente vosotros, ¡jardines de Jonia!
¡Y vosotras, graciosas yedras de las ruinas de Atenas,
encubrid la tristeza al día que contempla!
Coronad con follaje eterno, ¡vosotros, bosques de laureles!,
las colinas de vuestros muertos, allá junto a Maratón,
donde los jóvenes murieron venciendo; ¡ay!, allá en los campos de Queronea,
donde con armas huyeron los últimos atenienses,
eludiendo el día de la ignominia; allá, allá bajan de los montes
todos los días lamentos al valle de la batalla; ¡allá descendéis vosotras,
aguas caminantes, desde las cumbres del Oetas, cantando la canción del destino!
Pero tú, inmortal, aunque ya no te festeje la canción de los griegos,
como entonces, resuena a menudo, ¡oh dios del mar!,
con tus olas en mi alma, para que prevalezca sin miedo el espíritu
sobre las aguas, como el nadador, se ejercite en la fresca
dicha de los fuertes, y comprenda el lenguaje de los dioses,
el cambio y el acontecer; y si el tiempo impetuoso
conmueve demasiado violentamente mi cabeza, y la miseria y el desvarío
de los hombres estremecen mi alma mortal,
¡déjame recordar el silencio en tus profundidades!
miércoles, 13 de abril de 2011
No te rindas
No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
lunes, 11 de abril de 2011
Virginia Woolf The Waves
Sources: ebooks Adelaide, Project Gutenberg Australia
'Let us now crawl,' said Bernard, 'under the canopy of the currant
leaves, and tell stories. Let us inhabit the underworld. Let us
take possession of our secret territory, which is lit by pendant
currants like candelabra, shining red on one side, black on the
other. Here, Jinny, if we curl up close, we can sit under the
canopy of the currant leaves and watch the censers swing. This is
our universe. The others pass down the carriage-drive. The skirts
of Miss Hudson and Miss Curry sweep by like candle extinguishers.
Those are Susan's white socks. Those are Louis' neat sand-shoes
firmly printing the gravel. Here come warm gusts of decomposing
leaves, of rotting vegetation. We are in a swamp now; in a
malarial jungle. There is an elephant white with maggots, killed
by an arrow shot dead in its eye. The bright eyes of hopping
birds--eagles, vultures--are apparent. They take us for fallen
trees. They pick at a worm--that is a hooded cobra--and leave it
with a festering brown scar to be mauled by lions. This is our
world, lit with crescents and stars of light; and great petals half
transparent block the openings like purple windows. Everything is
strange. Things are huge and very small. The stalks of flowers
are thick as oak trees. Leaves are high as the domes of vast
cathedrals. We are giants, lying here, who can make forests
quiver.'
domingo, 10 de abril de 2011
Ver aduenit (Llega la primavera)
Perséfone retorna del Hades y vuelve a la luz, junto a Deméter, su madre, Iovi gratias.
Versión del mito de Deméter y Perséfone, por Mamen Aznar
Cuenta la antigua leyenda que, un buen día, el temible Hades, aburrido del inframundo y con deseos de echar una cana al aire, se dio un garbeo por Sicilia, vio allí a Perséfone, que estaba recogiendo flores acompañada de algunas ninfas (¿por qué será que siempre que una doncella casta y pura es raptada por alguno de esos impresentables dioses está recogiendo flores?) y, al punto, quedó perdidamente enamorado de ella; las malas lenguas dicen que, muy posiblemente, en este súbito enamoramiento haya intervenido nuestro querido Eros, incitado, como siempre, por su hermosa mamá. El caso es que, siendo Hades un dios, y hermano, además, del de los truenos, sin encomendarse ni al de arriba ni a sí mismo, tomó lo que no era suyo ni le correspondía y se llevó a la pobre muchacha a sus guaridas infernales. En este punto de la leyenda no hay unanimidad de opiniones, dicen algunos que la muchacha llamó a gritos a su madre para que la salvara, pero otros no comentan nada sobre este delicado asunto, lo que nos lleva a pensar que, a lo mejor, Perséfone no estaba del todo disgustada con el tema del rapto y no somos nosotros quiénes para meternos en los asuntos de los dioses, que ya tenemos bastante con lo nuestro, y Zeus nos libre de opinar…
La cuestión es que, con la aquiescencia del todopoderoso hermano, Hades y Perséfone lo debieron pasar estupendamente aquella y las siguientes noches, unidos en ardoroso abrazo, porque también hay quien dice (las habladurías de siempre) que la niña prefería quedarse con el amante antes que volver con su mamá. La verdad es que, si hacemos un ejercicio de sinceridad, la comprendemos absolutamente, porque mira que las mamás son pesadas…, aunque sean diosas, y, además, eso de tener como amante a todo un dios no es de esas cosas que a una le ocurran todos los días (¡fíjate qué envidia cuando se lo cuente a sus amigas!).
Pero dejemos por el momento a los amantes dedicados a sus quehaceres y vayamos a ver a Deméter, la susodicha madre de la criatura. De entrada hace un frío que pela y no podemos ni desayunar un triste tazón de cereales, porque la buena señora ha decidido que, hasta que alguien no le solucione el asunto de la hija raptada, ella se va de vacaciones a Eleusis, para instituir no se qué de unos misterios, y no piensa atender sus obligaciones, a saber: dar su bendición a los campos. La tierra queda sin vida y el género humano está a punto de extinguirse aunque, por una vez y sin que sirva de precedente, los culpables no sean los de siempre. Ante tamaño problema, a Zeus no le queda otro remedio que tomar cartas en el asunto, entre otras cosas porque ¿a qué inocente criatura mortal iba a raptar de ahora en adelante para satisfacer sus deseos de aventuras extra conyugales? Manos a la obra, llama primero a su mensajera Iris para que se entreviste con Deméter, convencido de que asuntos tan delicados como este es mejor que se traten entre mujeres. Iris, obediente como siempre, habla con la diosa y la insta a volver al Olimpo, le pide que entienda que a los hijos hay un momento en que se les debe dejar volar solos, que es algo natural, que forma parte de la propia genética, etc., etc., etc.… Zeus, sin embargo, viendo el cariz que está tomando el asunto, por si acaso, se guarda un plan B, y para eso ahí está Hermes, su fiel mensajero, al que manda hablar con Hades. Pero éste, perro viejo como es, (y ya se sabe que más sabe el diablo por viejo que por diablo), viendo la que se le viene encima, le ofrece a su amada unos granos de granada y ella, lógicamente y visto lo visto, los come gustosa (¡mira que si no se los come y nos quedamos sin mito!), de manera que queda ligada para toda la eternidad a las mansiones subterráneas.
¡Menos mal que estaba ahí Hermes para solucionarlo todo! El encantador embaucador acompaña a la niña a ver su madre para que le explique lo que ha ocurrido y, finalmente, y tras duras negociaciones, llegan a una “entente cordiale”: Perséfone se lo pasará bien una parte del año con su amante y la otra parte se sacrificará y hará compañía a su mamá para que ésta cumpla con su cometido y las estaciones se sucedan, como debe ser y está estipulado desde que el mundo es mundo.
Tal día como hoy la pobre Perséfone debe estar la mar de aburrida acompañando a mamá, pero a mí me encanta que haya llegado la primavera. Celebrémosla.
viernes, 8 de abril de 2011
La fuerza del destino

La forza del destino. Giuseppe Verdi